martes, 13 de diciembre de 2005

♥ LUCRECIUS MONSTRORUM ARTIFEX

LUCRECIUS MONSTRURUM ARTIFEX







“Denunciar que el mundo y nuestra identidad son ilusorios o susceptibles de desvanecerse, denunciar que no sabemos qué somos ni quiénes somos supone abrir las compuertas al pavor ante lo desconocido mental que acaba de ser incluso lo desconocido físico, la negación de la realidad usualmente percibida.”

Pere Gimferrer



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El problema es pensar que hemos sido creados por alguien que ha jugado a ser dios, todas nuestras convicciones de postín quedarían reducidas a un pequeño número de conjeturas malévolas: quién soy, cómo me llamo, qué estoy haciendo en este aparcamiento. Todas nuestras teorías andarían descalzas y desalmadas, en un momento estaríamos viéndonos a nosotros mismos en la tele de nuestros pensamientos más en lo oscuro. Volveríamos hacia atrás en el lamento, volveríamos a la época de la queja. La mantequilla estaría más cara, dios nos habría dejado de su mano. En la religión de la carne su presencia lejana de nuestros tiempos que hierven he encontrado muchas veces el poder de la belleza sin existencia que he predicho. Soy un espíritu filósofo del tiempo que viaja por la mente de los hombres y las fertiliza con sus encantamientos, soy inmortal, transparente y eterno y soy capaz del beso y de la destrucción.
Pero no soy como tú puedes comprenderme, de veras que yo no soy así.
Nos movemos en lo superficial de la superficialidad de las cosas, no obtenemos nada de todo aquello que nos da igual. Nos interesamos por todo aquello que nos interesa de una manera interesada...y...¿Por qué así hacerlo? Buscamos el bien material y nunca el bien de nuestra alma, si supiéramos que alcanzando el bien de nuestra alma alcanzaríamos el bien material todos nosotros seríamos mucho más felices.
El problema primero es que nos movemos en la superficialidad de las cosas, el problema segundo es que entrando en ellas sólo nos preocupamos por conseguir un bien material y el problema tercero es que a propósito ignoramos muchas cosas.
Soy un espíritu formado por muchos espíritus, enseñar es la mejor manera de aprender, sobre todo cuando se sabe menos que los alumnos. Eso lo aprendí siendo maestro. Pero también aprendí que puedo ser lo que me plazca, desde el tiempo en que los ángeles amaron a las hijas de los hombres y engendraron gigantes existen los espíritus condenados a vagar por el mundo, son las almas de aquellos a los que Dios les cerró el paraíso y el infierno por no ser ni de orden celeste ni terrenal. Pero también puedo ser un hombre que se creé un espíritu en un aparcamiento, un hombre que se preocupa encerrado en su coche por la subida de los precios de la mantequilla. Un espíritu que piensa como un hombre o un hombre que piensa como un espíritu. Las ideas racionales no deberían producirnos dolor. Lo normal es que suframos por ideas irracionales, y esas ideas irracionales son las que quiere curarnos el psicólogo...pero ¿Qué pasa cuando las ideas racionales son las que nos hacen sufrir? Nuestra percepción de las cosas debe estar homologada con lo que corresponde a la percepción de la mayoría, es lo correcto, lo que vemos peculiarmente no está normalizado y por lo tanto debemos apartar nuestra percepción a la del grupo. Yo no puedo verme como un espíritu si todos los demás me ven como un hombre. Nuestras ideas, pensamientos y emociones deben ser comunes, gregarias, es decir, humanas, entendiendo por humano todo lo vulgar; lo extraordinario debe ser sometido a un nuevo acto de reflexión, la reflexión es importante porque cualquier acto que tomemos va a definir nuestro futuro. Si in hombre quiere ser genial debe apartar los ojos de lo vulgar y ponerlo en lo absolutamente excepcional...pero ¿Si un hombre quiere ser un espíritu, y si un espíritu quiere ser un hombre? Nos contemplamos a nosotros mismos como una fuente de problemas y eso nos provoca neurosis y sin embargo lo llamamos intentar ser razonables...¿Soy un espíritu o soy un hombre? ¿Puede un espíritu preocuparse por el precio de la mantequilla? Sí, si fuese un espíritu que se preocupa por el precio de la mantequilla. Es así de simple.
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Las lentes eran demasiados grandes, en sus ojos se adaptaron de manera exacta y vivió con ellas toda la vida. Su raza podía ver el futuro y por eso necesitábamos que pudiera transmitírnoslo. Necesitábamos sus datos. De toda la colonia de la primera nave espacial que llego a Venus, sus padres fueron los únicos que sospecharon que entre los niños del experimento estaban sus hijos. La colonia sólo podía saber que un determinado número de criaturas gestadas iban a ser seleccionadas para el experimento de AUMENTO SENSORIAL, o A.S como vulgarmente se conocía a esa modalidad de medicina progresiva. Todo salió a pedir de boca, los primeros pequeños empezaron a demostrar una visión precognitiva extraordinaria y difícilmente podían dedicarse a otra cosa que no fuera la videncia excepto un número muy limitado de telépatas pensantes que fueron desechados antes de llegar a la medianía de la edad infantil con el beneplácito de sus progenitores. La sociedad había comprendido por fin que los seres no productivos eran desechables y todo el mundo temía esa hora fatal del retiro forzado que suponía la muerte. Yo pertenezco a una raza de espíritus y por eso puedo contarlo, aunque anteriormente hayáis podido apreciar en mí lo que se conoce como bache temporal, ahora sí que estoy seguro de mi naturaleza angélica. Los envidiosos subcutáneos, una raza alienígena que los humanos permitieron que viviera bajo su piel a cambio de la paz mundial, han desarrollado una nanotecnología poderosa capaz de influir en el perfecto transcurrir del ETER, en el ETER se mezclan y se confunden en convivencia armónica mi raza angélica, con la espiritual de grado ocho a grado cero, con la infraespiritual y con la humana. Los subcutáneos han creado maravillosas civilizaciones del tamaño de un átomo, todas ellas conectadas entre sí por portales teleyectores de energía teletransportadora que les hacen viajar de ser humano a ser humano en una infinita y basta red de mundos. Los subcutáneos se limitan a confundirnos los unos con los otros y nos hacen creer cosas que en realidad no existen, por eso, yo, que soy de una naturaleza muy superior, me encontraba en un aparcamiento preocupándome por los precios de elementos que no necesito, como un vulgar humano. Ahora ya estoy seguro de mi naturaleza superior y de mi misión en este planeta. Aparento ser un anciano calvo y desdentado de más de ochocientos años en una penosa residencia de provincias, pero eso no es más que un cascarón porque pertenezco a la raza de ángeles en su casta más alta, de hecho soy la reencarnación del arcángel Uchiel y debo procurarme el contacto de mis hermanos de las estrellas en medio de estos penosos seres humanos que pululan a mi alrededor solos y desconsolados, ahora estoy en un aparcamiento pero soy un ángel; mañana es posible que sea dios pues lo ángeles cuando morimos somos dioses y creamos nuestros propios universos en miniatura para venderlos en las ferias de los Creadores Universales de Galaxias, estos seres no pueden crear sin la función de Creación activada pues son en sí mismo máquinas perfectas que necesitan el auxilio de un dios y los patrones de su mundo inventado para dar materia al universo y brillo y luz a la galaxia que sacan de sus entrañas metálicas con dolor. Comprendo que para unos simples humanos del siglo treinta y cinco, conocer esta verdad puede llegar a ser doloroso, pero es para ellos para quiénes escribo pues son ellos los únicos capaces de parar todo esto, toda esta maldad que se nos viene encima. Vosotros sólo sois una rémora y un espanto. Habéis observado vuestras feas caras deformadas por la cirugía plástica y vuestros cuerpos atléticos de cientos de años y habéis rechazado el envejecimiento pero el envejecimiento llega también para vosotros como ha llegado para mí, podréis vivir quizás tres mil o cuatro mil años y tener el aspecto que mi cascarón tiene con ochocientos pero al final también seréis viejos porque la humanidad no ha conseguido vencer a la vejez ni a la muerte. Ha conseguido retrasar ambas, pero nada más. Desde los tiempos de la gran H, cuando conseguimos abrir la puerta al hiperespacio y los viajes espaciales se convirtieron en excursiones campestres, toda la preocupación del ser humano se concentró en comunicarse con los seres que siempre habíamos estado con ellos en otras dimensiones, los subcutáneos, los ángeles y los espíritus e infraespíritus. Siempre es curioso constatar como los hombres no están capacitados para esa realidad que les sobrepasa. Los videntes les aterran, el don precognitivo les asusta, el que puede mirar más allá les espanta. Cuando a mediados del siglo veintiuno surgió el primer niñoser, la primera especie híbrida mezcla de humano y mezcla de otros animales para modificar su material genético pocos pudieron ver en él, tal era su preciosidad y magnificencia, que tenía en su código genético también modificaciones de sus propias modificaciones, en sí era una réplica de sí mismo que se había sobrevivido, era la más apta, la mejor preparada y la mayor de todas. Era un ser superior pero mortal y eso desanimó mucho a los hombres de ciencia que lo ocultaron con el afán de haber vencido a la muerte pero a esa vieja ramera nadie la vence, doce siglos más tarde la comunidad científica tuvo que admitir que la muerte no se podía vencer, que todo se podría mejorar, adaptar, combatir...pero la muerte era en fin La Muerte y era la Señora de Todo por eso muchos la adoraron provocando acontecimientos luctuosos después de los holocaustos y los grandes cataclismos a los que la humanidad, pertinaz y obcecada, sobrevivió con elegancia. Y después de dominar los viajes en el espacio—cosa que no hubiese sido posible sin haberse dominado antes los códigos genéticos y la creación de perfectos niños-ser--, la comunidad científica se dividió entre los que querían vencer a la muerte y sólo consiguieron retrasarla y los que querían entrar en contacto con los seres de otras dimensiones con los que convivían desde siempre sin saberlo y que eran muchas veces los que inspiraban a creadores de poesía, literatura, ingeniería y matemática. Entonces se descubrieron por azar los viajes en el tiempo y podíamos viajar al futuro hasta Siempreigual, pues llega un momento en el que el futuro es idéntico por más que avances en él y muchos desistieron de semejantes iniciativas por puro desconsuelo creándose sectas de suicidas y de criminales cuando muchos lamentaron haber ido tan lejos en sus pesquisas pues todo era exactamente lo mismo, un eterno retorno, un reencuentro en el que apenas variaba el color del entorno, la composición de las ciudades y la psicología de sus habitantes. Muchas razas alienígenas nos fueron hostiles y la industria armamentística siguió siendo un negocio boyante y aún hoy lo sería de no haber pactado con los subcutáneos la paz, porque nadie puede luchar con un enemigo que no puede verse y que su poder reside en confundir y enloquecer a los humanos haciéndoles creer en cosas que no existen. Por eso yo tomé el nombre del primer niño venusino, Lucrecius, que fue capaz de ver el futuro y que por eso le colocaron esas obsoletas gafas que ahora nos dan tanta risa para grabar la información que recibía desde detrás de sus ojos sobre el más allá. La historia de por qué y cómo los subcutáneos me disuadieron de creerme un ángel haciéndome creer humano es otra hazaña mínima de esos seres que nos controlan desde el interior de nuestra piel haciéndonos llegar a la locura y con los que nunca debimos firmar la paz, pues estoy dispuesto a creer que con el tiempo harán creer a todos los ángeles que son de naturaleza inferior y cuando sean espíritus los someterán con la magia y cuando sean humanos los destruirán. Estoy en un aparcamiento, antes de que sepáis como llegué hasta aquí debéis saber como llegué a la residencia de ancianos. Que las fuerzas del Cosmos os protejan de la maldad de los subcutáneos y os bendigan a todos con su abrazo celeste y que estas páginas sirvan de advertencia a los sabios de los siglos que han de venir y hagan escarmiento en vuestras molleras de hombres.
3

Las voces llegaban y se marchaban como había venido, y mi cuerpo, encima de unos zapatos, se mantenía milagrosamente de pie. Con mucho esfuerzo conseguí hacerlo andar extrañado de mi no presencia y de lo que me había convertido,. Era un periodo de soledad, yo al menos así lo sentía; pero lo más extraordinario era hacer entender a los demás mi transformación. Nadie era capaz de entender que había sido un ángel y que los subcutáneos me habían transformado en un anciano de ochocientos años. Las personas humanas lloraban a mi alrededor y con la compañía de unos hombres con camiseta y zapatillas blancas a juego con los pantalones iniciaban un cortejo fantasmal que gemía y lamentaba cosas profiriendo vocablos que yo no entendía muchas veces y asegurándome muchos de esos desconocidos que no eran sino mi familia y que me querían.
Me entregaron a unos celadores que yo reconocí como los Guardianes del Tiempo, los celadores me hicieron toser y abrir la boca y me miraron con luz los ojos pero yo sólo quería hacerme transparente para que mis espaldas se hicieran elásticas y descomprimiesen mis largas alas anchas para que en mi forma mitológica pudiera ser reconocido, no lo logré y pasé a intentar darme a conocer como un Ser de Luz que es la forma más común que adopta un ángel, acelerando para ello mi transparencia haciendo vibrar cada átomo de mi cuerpo con el diapasón de la mística a la velocidad de la fusión del radio, tampoco hice brillar así a mi verdadero ser. Estaba confundido en medio de una multitud anhelante que esperaba de mí que me reconociera como lo que creían que era: un hombre anciano. En medio de aquella multitud me apenaba contemplar a los que decían ser de mi familia, cuando yo no tengo más familia que la celeste y más hermanos que los de las estrellas. Sentía latir mi corazón con fuerza mientras cruzaba los pasillos. Quería transformar todas mis células en energía vibrando a una velocidad cósmico-sideral ya olvidada, cuando los Guardianes se percataron de mis intenciones y me inyectaron substancias que transformaban mi carne en paja, de ángel me convertí en espantapájaros y corría por los pasillos con mi cuerpo de anciano relleno de fibra seca hasta que la multitud de aquel centro se interpuso en mis actos, en mis pensamientos, se metió en mi cabeza y bajo mi piel como los subcutáneos y me acostaron convertido en un trapo.
En ese estado debí pasar demasiado tiempo, porque cuando me desperté me llevaron directamente a un lugar lleno de cuerpos vivos deteriorados por el tiempo, cuerpos de los que yo ya era uno de ellos, cuerpos con los que formar un montón de calor. Girábamos como peonzas entre hombres de blanco y hombres de verde, entre señoras con el pelo negro y los ojos grises y hombres que hablaban susurrando. Mesas con cuatro patas sobre continentes que existen y en medio yo, con el pensamiento de fingir ya puesto en mi cabeza, con la razonable complacencia con los demás para no ser molestado en mi ser más interno, la libertad de lo que yo había sido no podían quitármela: sí, sería un anciano, tendría un cuerpo de anciano, descansaría en un lugar habitado por ellos y vigilado por todos...pero recordaría siempre en qué me habían convertido y quiénes investigando de qué manera...de qué manera...en todo ello gastaría mi tiempo. Nunca sospecharían nada malo de mí, les daría la razón en todo pero crearía mi propia manera de salir volviendo a mi ser natural, volviendo a ser un Ángel de Dios, volviendo mi ser a la luz de la luz.
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He seguido una serie de mantras para desprenderme de mi cuerpo físico y viajar por el astral sin conseguirlo, los subcutáneos han limitado todos mis poderes, y en este lugar de punición no consigo activar ninguno de mis centros psíquicos, todos mis chacras están muertos y yo padezco hambre y sueño y necesidad como cualquier mortal que haya pisado la tierra. Todo hombre encarnado debe conocer su referente espiritual pero ni siquiera en este grado mínimo alcanzo a ver la comprensión, para colmo de mis males han conseguido hacerme retroceder en el tiempo todos mis enemigos de lo que ahora soy capaz de darme cuenta. Hombres de más allá del siglo treinta y cinco cuando este texto llegue a vosotros podréis comprender la naturaleza de mi dolor. Mi vida se limita a dormir enjaulado en una cama y después a bajar a un salón donde hay prensa y libros y televisores, extraños seres me visitan y entre llantos me juran ser mis hijos, mis sobrinos o mis nietos pero yo no les reconozco en absoluto ni sé por qué insisten tanto en remarcarme sus lazos de sangre. Abandonan el centro desesperados y suspiran cuando les digo que soy un ángel que ha sufrido una venganza, insisten en que nos encontramos en el año 1977 y a tenor de lo poco avanzado de la tecnología que me rodea debe ser todo cierto. Ni una simple computadora nos acompaña y el edificio no se mueve por domótica girando hacia el sol para buscar su fuente de energía y nos calentamos con el antiguo petróleo. Mis compañeros ancianos no tienen ochocientos años sino setenta, ochenta y algunos poco más. A penas serían unos niños en mi época y se burlan de todo lo que les cuento haciéndome pasar por un loco. Aunque ya he admitido mi humanidad porque es un hecho, los hombres de verde, expertos en alguna forma de medicina, insisten en que trague cápsulas que me hacen dormir o sentirme cansado o muy pesado y yo sólo dispongo de mi memoria para crear un monstruo. Al horror sólo puede combatírsele con el horror y en esas me encuentro, echo mano de mis recuerdos de ángel para consultar las viejas fuentes de la magia de los primeros Nefelín y por las noches elaboro mis propios cánticos para elevarlos hasta la Realidad Superior Suprema por medio de rituales atávicos. En los finales del siglo veinte todavía subsiste la religión del Cristo, lo cual me emociona sobremanera, y los antiguos chamanes de esta religión conocidos como Sacerdotes y Hombres de Paz llegan hasta este centro con sus homilías y sus salmodias. Pocos conocen que se acerca su fin y con ellos el fin de la Iglesia, pocos conocen que el catolicismo morirá pronto, que tras la muerte de su actual líder espirutual Juan Pablo II, otro vendrá sólo para sufrir la destrucción de Roma y el Vaticano por las revoluciones contracatólicas y el Terrorismo Internacional. Después de él Petrus II llamará a toda Europa a la guerra santa contra el infiel y el mundo volverá a una edad media sin parangón. Las grandes religiones se destruirán mutuamente y el fin de la Iglesia terminará con la extenuación de sus fieles y la aparición de la gran Nave Nodriza con el conocimiento genómico humano suficiente para salvar de nuevo la civilización como lo hizo cuando el gran diluvio y la nave nodriza del orden excepcional NOE, guardó una copia del génoma de todos los animales y de todos los humanos para volver a crearlos después de las pesadas lluvias destructoras. La nueva NOE tendrá información suficiente para salvar a los elegidos de la Nueva Jerusalem y recrear las condiciones habitables de la tierra después de la hecatombe nuclear. La raza humana vivirá en paz con sus hermanos alienígenas hasta que descubra que ellos eran sus padres, sus creadores y sus dioses. Entonces lo ángeles habitaremos en la tierra y Jesucristo vendrá de su planeta para gobernar mil años y todos los Jesucristos vendrán de todos sus planetas a los planetas que necesiten ser gobernados en el Amor y de nuevo será la armonía sideral pero hasta entonces los rostros estarán bajos y probarán la sangre y la carne de sus hermanos y el hambre hará nuevos caníbales y los Estados inventarán zombis y un gran manto de confusión caerá sobre los ignorantes y los que no quieran abrir su mente pero con el gobierno de Jesucristo, el verdadero no el inventado por las religiones, desde su gran nave espacial Imperator Regnus, la humanidad alcanzará cotas inigualables de progreso. Pobre desdichado del que pueda saber esto antes de tiempo por medio del pitonismo o de los dones de la profecía porque se volverá loco y sus palabras no verán la luz, pero vosotros, hombres del siglo treinta y cinco, habéis de saber que los subcutáneos se están haciendo tan poderosos que han conseguido hacer retroceder a los ángeles en el tiempo convirtiéndolos en humanos sufrientes...¿Cuántos hermanos míos hay en mi misma situación? Sirvan estas palabras para que trasciendan todas las épocas, ya que lo escrito permanece, y lleguen hasta vosotros. Mientras tanto, provisto de velas substraídas de la sacristía del centro, practicando la antigua magia de los Nefelín, en la oscuridad de mi cuarto y amparado por la privacidad del insomnio, conseguiré crear un monstruo que me sirva en mis propósitos de destruir a los subcutáneos. El rito es complejo porque no sólo necesito los viejos hechizos nefelín, también debo buscar materia prima para crear al monstruo antes de reducirle para que entre por mis venas y siembre el terror en algún microcosmos subcutáneo obligando a sus gobernantes a que me devuelvan a mi antiguo ser angélico. Los ojos grises ya los he conseguido de la mujer del pelo negro, la lengua azul también está en mi poder, mañana buscaré manos huesudas y piernas-corvas. Más adelante saldré para buscar pies zambos y cuando todo este reunido en el altar que he improvisado en mi habitación y que oculto durante el día en mi equipaje...¡Temblad, subcutáneos, temblad, vuestro fin está próximo!
Publicado por josenogues @ 13:01 | 0 Comentarios | Enviar

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